viernes, diciembre 08, 2006

Relato de Serafin de la primera vez que fue a los Desayunos en la Vega

Contertulios, A continuacion un relato de Serafin Pin Pin, sacado de la realidad, no de su febril imaginacion. El Editor Un ruido ensordecedor y paralizante interrumpió mi sueño, me senté rápidamente en la cama, mientras mi mente trataba de encontrar alguna respuesta a lo sucedido. Mis ojos intentaban adaptarse a la oscuridad sin mayor éxito, miré hacia mi lado, y vi a mi mujer aún dormida... o eso creía yo...habían transcurridos escasos minutos cuando el ruido se repitió nuevamente...era el despertador que sonó a las 4:45. AM. Mi mujer en un acto casi reflejo exclamó...levántate que pasaran a buscarte y no estarás listo... Después de 14 años de casado...comprenderán ustedes que obedientemente me levante, me duché, tomé un café, me despedí de mi mujer...debo confesar que en ese instante dude en ir a aquel lugar...y salí a la esquina a esperar pacientemente a mi amigo que me pasaría a buscar. La madrugada estaba fría por lo que prendí un cigarrillo. Sólo los viciosos creemos que nos entibiamos con uno...y mientras esperaba intenté recordar la última vez que me había levantado a esa hora...acostado sí. Llegamos a un punto intermedio donde se juntaría el resto de la gente, nuevamente esperar...más cigarrillos...ya eran las 5:30 aproximadamente...la ciudad comenzaba lentamente su habitual quehacer...el ambiente se llenaba del ruido de las escasas micros que transitaban a esa hora...definitivamente el día estaba comenzando, para algunos. Una figura delgada...vestida con una pequeña, que pequeña, pequeñísima falda negra...una blusa de similar color y abundante escote...caminaba cansinamente...al parecer a disfrutar del merecido descanso después de su extenuante jornada laboral ...nocturna... Nos subimos a los autos una vez que llegaron el resto de los personajes y enfilamos sin un destino claro, pero hacia un barrio donde normalmente podríamos encontrar a los personajes que andábamos buscando. El lugar se encontraba en pleno ajetreo inicial de la jornada, ya habían llegado los camiones con las verduras, los locales estaban abriendo, y en una primera mirada no encontramos nada...nos bajamos y preguntamos donde encontraríamos a quienes buscábamos. Efectivamente, las indicaciones dieron resultado...pero sólo había dos hombres y una mujer...les dejamos a ellos lo que traíamos y seguimos buscando. A esa hora, el lugar no se ve tan pintoresco como a pleno día, siendo incluso un lugar casi turístico...y tal vez destino obligado de muchos los fines de semana. Los camiones estacionados llenos de verduras y los hombres descargando y ordenando...mientras otros transaban afanosamente sus productos. De pronto vimos una calle angosta por donde se movían rápidamente muchos mercaderes de hortalizas, que en ambos costados y a todo lo largo, tenia instalados dormitorios de distintos tipos...algunos con camas y colchones con ropa de cama que daban cuenta del glorioso pasado de sus habitantes o simplemente de la viveza de estos para obtener dicho enseres, otros simplemente arropados en vetustos cartones, por mala suerte o quien sabe que. Comenzamos a repartir los sándwich de queso y un reconfortante vaso de café, que eran casi arrebatados de nuestras manos. Muchos esperaban ansiosos este manjar, tal vez ya acostumbrados a los visitantes madrugadores, o simplemente distraídos por el hambre que llenaba sus estómagos, ese mismo hambre de afecto que vienen arrastrando de tiempos lejanos, cuando cansados de luchar se dejaron llevar por el viento que surcaba sus vidas. Que misterio humano permitió que sus vidas llegaran a este punto, que sus mentes se entregaran sólo a la tarea de sobrevivir en este mundo, que sus manos se extendieran ávidas de recibir de los otros lo que tuvieran para ofrecer, que muchas de sus palabras fueran una mezcla de agradecimiento y de recuerdos de sus vidas pasadas o de sus familias de las que fueron abandonados o ellos mismos abandonaron, o que simplemente sus pensamientos matinales se dirigieran a la cantina más cercana para comenzar el día en un estado que les permitiera olvidar no el pasado, sino el día que se les viene por delante. Tal vez nunca tenga las respuestas, pero sólo tengo el dolor de conocer y no simplemente mirar de lejos o saber de oídas, que estos personajes existen, sobreviven, recogen sus cosas en la madrugada, pelean, toman, piden, comen pan, y nuevamente estiran sus pertenencias una vez llegada la noche, sin saber si al día siguiente amanecerán. Es una experiencia que hay que transmitir y vivir, no obligadamente, sino por el total convencimiento que hay seres humanos que nos necesitan. Serafin Pin Pin

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